Qué preparar antes de pedir un mastering
Headroom, sin limitador en el bus master, WAV a 24 bits, referencias y notas claras: la lista para que tu mezcla llegue lista y el mastering saque lo mejor de ella.

El mastering es la última parada antes de publicar. Es donde tu tema gana coherencia, se ajusta su balance tonal y su volumen, y se prepara para sonar bien en cualquier sitio. Pero hay algo que conviene tener claro desde el principio: el mastering trabaja con lo que le llega. Cuanto mejor preparada esté tu mezcla, más margen habrá para hacerla brillar.
Esta es la lista que me gustaría que todo el mundo revisara antes de enviar un tema a masterizar, sea conmigo o con cualquier otra persona.
1. Que la mezcla esté terminada de verdad
Parece obvio, pero es lo más importante. Si todavía piensas «la voz está un poco baja» o «el bajo no me convence», no es momento de mastering: es momento de volver a la mezcla. El mastering puede corregir detalles generales, pero no puede subir solo la voz ni quitar un sonido concreto sin afectar a todo lo demás.
Un buen test: escucha la mezcla al día siguiente, con oídos frescos, en dos o tres sistemas distintos (monitores, auriculares, el móvil, el coche). Si lo que oyes te convence en todos, vas bien.
2. Deja headroom
Headroom es el margen que queda entre el pico más alto de tu mezcla y el máximo digital (0 dBFS). Una referencia práctica habitual es que los picos queden aproximadamente entre −6 y −3 dBFS. No hace falta obsesionarse con un número exacto; lo importante es que la mezcla no llegue al rojo y que nada clipee.
Si tu mezcla ya llega pegada a 0 dB, baja el fader del master o, mejor, el nivel general de las pistas, hasta recuperar ese margen. No cambia cómo suena la mezcla; solo deja espacio para trabajar. Es el mismo criterio con el que entrego mis beats: te lo explico en la guerra del volumen.
3. Quita el limitador del bus master
Mientras mezclas es habitual poner un limitador o un maximizador en el master para escuchar «cómo sonaría alto». Está bien para orientarte, pero desactívalo antes de exportar. Un limitador en la mezcla deja menos margen para el mastering y puede aplastar transitorios que luego no se recuperan.
¿Y la compresión de bus o el «glue» que forma parte de tu sonido? Si es un procesamiento suave que define el carácter de la mezcla, puedes dejarlo, pero indícalo en tus notas. Ante la duda, envía las dos versiones: con y sin procesamiento en el master.
4. Exporta en el formato correcto
- WAV o AIFF, nunca MP3 ni otros formatos comprimidos.
- 24 bits (o 32 bits en coma flotante si tu software lo permite).
- La misma frecuencia de muestreo en la que trabajaste el proyecto (por ejemplo, 44,1 o 48 kHz). No hace falta convertirla.
- Sin normalizar y sin dither añadido si exportas a 24 o 32 bits.
- Un archivo estéreo por tema, empezando un poco antes del primer sonido y terminando cuando la última cola de reverb o delay se haya apagado del todo. No recortes los finales.
Si quieres fundidos (fade in / fade out), puedes hacerlos tú o pedir que se hagan en el mastering; lo importante es decirlo.
5. Elige una o dos referencias
Una referencia es un tema publicado que suena como te gustaría que sonara el tuyo, en carácter, brillo, peso de graves o pegada. No se trata de copiarlo, sino de hablar el mismo idioma. Indica qué te gusta concretamente de cada una: «el bajo de esta», «la voz tan delante de esta otra».
6. Escribe unas notas breves
Unas líneas ayudan muchísimo:
- Dónde se va a publicar (plataformas de streaming, vídeo, club, vinilo…).
- Si es un single o forma parte de un EP o álbum, y el orden de los temas.
- Qué te preocupa de la mezcla, si hay algo.
- Si necesitas versiones adicionales: instrumental, versión limpia (clean), a capela…
- Datos para los metadatos: título exacto, artista, y el código ISRC si ya lo tienes.
7. Nombra bien los archivos
Algo tan simple como «Artista – Título – Mix final – 24bit 48kHz.wav» evita confusiones, sobre todo cuando hay varias versiones dando vueltas. Si son varios temas, añade el número de pista al principio.
Resumen rápido
- Mezcla terminada y revisada en varios sistemas.
- Picos aproximadamente entre −6 y −3 dBFS, sin clipping.
- Sin limitador en el master (o ambas versiones si dudas).
- WAV/AIFF a 24 bits, frecuencia original, sin normalizar.
- Colas completas, sin cortes.
- Una o dos referencias y unas notas claras.
El mejor mastering empieza en una mezcla que ya funciona.
Si tienes dudas sobre alguno de estos puntos, o quieres una segunda opinión antes de dar la mezcla por cerrada, escríbeme.